| Danzas
Orientales
LA MAGIA DEL CUERPO
Ximena Mart dialoga con Shokry
Mohamed
En la danza están
encerradas la profundidad de los proverbios, la
magnificencia de la magia y las mayores paradojas:
dolor,
amor, esperanza, alegría, reto, liberación
de ataduras y un llamado a la libertad.
En Chile, la ancestral danza
del vientre tiene muchas seguidoras, con muy diferentes
estilos. Ximena Mart es, entre otras actividades,
maestra de esta expresión artística
que ella trabaja hacia el encuentro de la esencia
femenina y el contacto con lo mágico y
lo divino que existe en cada uno de nosotros.
Después de muchos años dedicada
a este tipo de baile, por el libro La
Danza Mágica del Vientre, escrito
por el egipcio Shokry Mohamed (Ediciones Mandala, Madrid 1995), tuvo conocimiento
acerca de este maestro y eximio bailarín,
se dejó fascinar por lo que él transmite
en su obra, y viajó a España para
conocerlo y tomar clases con él. Esta entrevista
es uno de los frutos de ese aprendizaje.
Entre música
e incienso
Llueve
en el invierno madrileño. Subo la empinada
callecita de barrio antiguo donde está
la Academia Las Pirámides, en busca de
Shokry Mohamed, considerado uno de los grandes
maestros de danza del vientre y bailes folclóricos
de Egipto.
El currículum artístico
de Shokry es extenso, y cuenta que nació
en El Cairo, en 1951: su carrera comenzó
a los doce años de edad en un grupo infantil
de danzas populares de todo el mundo, y desde
1974 vive en España, donde en 1981 fundó
el estudio Las Pirámides, primera escuela
de danza oriental que se establece en ese país.
Desde esa fecha conjuga su labor docente como
maestro al frente del grupo, con la de bailarín,
coreógrafo y músico, como intérprete
de instrumentos de percusión y de cuerda.
En mi visita al estudio, me recibe
él mismo, con gran calidez. No le sorprende
que venga desde Chile, ya que suelen visitarlo
bailarinas y profesoras de Europa y América
con la finalidad de perfeccionar su técnica,
llegando a más de 600 las alumnas que han
recibido sus enseñanzas, y demuestra entusiasmo
cuando lo invito a visitar nuestro país
para dictar clases y presentar su arte ancestral.
Shokry fue operado de las cuerdas
vocales y perdió la voz; sin embargo, se
expresa poéticamente, y su entusiasmo y
su vitalidad me hacen olvidar en pocos minutos
la dificultad de su dicción. Tampoco pudo
con su alegría de vivir un ataque racista
que sufrió y al que sobrevivió milagrosamente,
después de guardar cama durante seis meses.
Dejo
los zapatos en la entrada. Huele a incienso y
se oye música, cuya huella también
está presente en gran cantidad de exóticos
instrumentos que llenan estantes y cuelgan de
las paredes. Asimismo, se aprecian varas y bastones
utilizados en las danzas folclóricas, las
que también son practicadas por hombres.
Puedo observar un par de candelabros especiales
que se llevan en la cabeza mientras se baila una
danza ritual que efectúan las mujeres a
los siete días de parir, para traer luz
a la vida del recién nacido.
Durante las clases, mientras
las alumnas ondulamos caderas, torso, hombros,
brazos y velos, Shokry mantiene una amplia permanente
sonrisa, y sus ojos, brillante e infinitamente
expresivos, nos contienen a todas. En un momento
dado, toca darbouka (tambores) y cada una de las
participantes improvisa sobre los sofisticados
ritmos. Terminamos las clases con refinados movimientos
de manos y dedos, a los que Shokry da gran importancia
por sus posibilidades expresivas.
Para él, la danza es espíritu.
Su inspiración y su alegría se renuevan
a cada instante tomando forma en sus movimientos,
que expresan la profunda belleza de su ser interno.
Este fue el diálogo que
sostuvimos con Shokry Mohamed en su estudio de
danza madrileño.
Durante
los años ’60, la enseñanza
y la práctica de la danza del vientre comenzaron
a proliferar en Europa y Estados Unidos. ¿Se
debió eso a determinados cambios que sucedieron
en tu país?
En primer lugar, ocurrió
que bastantes bailarines escaparon del servicio
militar egipcio. Algunos de ellos, que formaban
parte del Ballet Nacional de Egipto, se afincaron
en Europa y Estados Unidos, y empezaron a enseñar
danza. Por otra parte, el movimiento religioso
ha estado muy activo en el mundo árabe
y eso ha contribuido al éxodo de este arte
en los últimos 30 años.
¿Es
habitual que los maestros de danza del vientre
sean hombres?
Sí, es corriente, porque
la mayoría de los bailarines que están
en los grupos de baile oficiales del Estado es
gente que estudió la danza comenzando por
el ballet clásico para llegar luego al
folclore egipcio. Ellos estudian y practican las
danzas folclóricas que originaron los movimientos
de la danza del vientre, y esto los capacita para
luego enseñarlas a las mujeres. Por su
parte, en Egipto las mujeres bailan en forma intuitiva,
en sus casas y, en general, no tienen preparación
técnica.
¿Tú
estudiaste también el ballet clásico
que conocemos en Occidente?
Sí, como preparación
y como disciplina, no como para bailar El Lago
de los Cisnes o El Pájaro de Fuego. Durante
el aprendizaje, se realizaba todo el trabajo de
barra y los ejercicios del ballet clásico
como base para crear un buen bailarín.
RITUALES DE FECUNDIDAD
¿Se
sabe, con alguna certeza, cuándo y dónde
nació la danza del vientre?
Creo que la danza es un lenguaje
que el ser humano conoció mucho antes que
cualquier otro tipo de comunicación. Existen
estatuas y grabados que nos muestran que la danza
del vientre fue conocida en el Antiguo Egipto,
y según algunas investigaciones, existía
ya en la prehistoria, relacionada con rituales
de fecundidad.
Los documentos escritos más
antiguos que tratan de la danza del vientre datan
del siglo I d.C., cuando el escritor hispanorromano
Marcial describe la curiosidad de la danza de
las bailarinas fenicias llegadas al puerto de
Gades, diciendo que “podían mover
los músculos del estómago mientras
permanecían completamente rígidas”.
Sin embargo, las danzas pélvicas tienen
un carácter universal, porque se practicaron
y se mantienen aún hoy en numerosas culturas,
como, por ejemplo, la polinésica.
Desde Marruecos hasta Afganistán,
la inspiración y la tradición de
la danza del vientre se mantienen vivas, y desde
esa zona su práctica se ha extendido a
Europa, Australia y toda América, rescatando
la espontaneidad pura, la sensualidad natural,
la esencia de la naturaleza femenina. Porque con
esta energía comienza el proceso que lleva
al acoplamiento y a la fertilidad, que en la antigüedad
era vital para la supervivencia de los pueblos.
¿A
qué se debe que la danza del vientre haya
sido cuestionada por algunas religiones y ciertos
gobiernos?
En realidad, ha sido rechazada
más por los hombres de religión
que por los gobiernos, y sigue perseguida por
las tres religiones del Libro: la judía,
la cristiana y la musulmana. Este rechazo oscila
entre la completa prohibición y una persecución
más o menos encubierta. La danza del vientre
posee un largo pasado y, si ha llegado hasta nosotros,
es porque la han bailado los judíos, los
cristianos y los musulmanes. Los hebreos la aprendieron
de los sacerdotes egipcios antes de salir de Egipto.
El Islam, como religión, la rechaza por
muchas razones, y tal vez la primera de ellas
sea la vestimenta de la bailarina, con el cual
gran parte del cuerpo de la mujer queda al descubierto,
con el innegable objetivo de seducir al espectador,
aspectos completamente repudiables no sólo
para el Islam sino también para las otras
dos grandes religiones.
DANZA
MAGICA
¿Por
qué la danza del vientre ha sido también
llamada “danza mágica”?
Esto alude al profundo sentimiento
de comunicación interior que esta danza propicia a través de la
música y el movimiento, resultado de ese
planteamiento de encuentro que debe tener la bailarina
con los demás pero, sobre todo, consigo
misma. La danza del vientre debe poseer fuerza
espiritual, arrancar desde adentro.
La mujer se enfrenta al baile
con una gran alegría, lo que convierte
su experiencia en un bonito viaje entre el movimiento
y la música, que renueva la sangre de sus
arterias y le hace encontrar solaz y olvido para
sus preocupaciones diarias. Es, por tanto, una
bella jornada con el espíritu que expresa
las posibilidades escondidas dentro del cuerpo.
¿Hay algo más grandioso
y más hermoso que una mujer bailando? La
mujer que danza nos habla con su movimiento y
con su cuerpo y, ante la fuerza expresiva de sus
gestos, no podemos más que recurrir al
silencio. No creo que existan momentos de mayor
felicidad en este mundo que cuando se reúne
un grupo y alguien empieza a bailar. Es uno de
los raros momentos donde uno se siente casi completamente
libre.
Para
aprenderla, ¿se requiere alguna condición
especial?
Acercarse a la danza del vientre,
como a cualquier otro tipo de danza surgida del
norte de Africa y de Oriente Medio, requiere una
cierta predisposición de espíritu,
además de un aprendizaje cultural que pasa,
en primer lugar, por la música. El paso
siguiente es romper con el mito y el tópico
de entender la danza del vientre como un género
menor dentro del variado campo de la danza.
¿Cuál
es el elemento esencial que diferencia la danza
del vientre de cualquier otra danza?
La danza del vientre puede ser
considerada la danza clásica del mundo
árabe, ya que conjuga los estilos musicales
y los movimientos de cada uno de los pueblos sobre
cuyo sustrato cultural se ha afianzado.
Esta danza, que se liga a su
música de manera íntima e indisociable,
se diferencia de la occidental en que todos sus
movimientos tienen un origen étnico perfectamente
definible, es decir, provienen de los movimientos
efectuados por las mujeres y los hombres en las
celebraciones populares, aunque más estilizados,
para lo cual no se requiere más técnica
que la que aporta un sentido del ritmo y del movimiento
que emerge no de la razón sino del sentimiento.
REGLAS Y LIBERTAD
¿Qué
papel juega la improvisación en esta danza?
La danza del vientre es una danza
que se encuentra a mitad de camino entre el folclore
y la creación individual, porque si por
un lado tiene una estructura básica definida
que permanece constante, hay en ella, al igual
que en las estructuras musicales que la acompañan,
un componente importante de improvisación
que ofrece a la bailarina una amplia libertad
para realizar sus movimientos, sean estáticos
o evolutivos, en un extraordinario equilibrio
entre regla y libertad, sujeción y creatividad
personal.
A través de esa improvisación,
la bailarina puede exteriorizar todas sus cualidades
expresivas y alcanzar esa exquisitez artística
a la que llegan las grandes bailarinas.
¿Quiere
decir esto que cada bailarina interpreta entonces
su propia versión de la danza del vientre?
Dentro de ciertas limitaciones,
cada bailarina intenta aportar algo personal a
su danza, y así, se eliminan algunas cosas
y se añaden otras, especialmente en todo
aquello que afecta a los instrumentos musicales
y al atuendo de baile. Cada bailarina busca, en
el fondo de sí misma, un nuevo lugar para
la danza, que le otorgue una personalidad renovada
acorde con sus posibilidades. Esta búsqueda
afecta, no sólo a los pasos de baile, sino
a los vestidos y a los demás elementos.
Sin embargo, hay elementos esenciales en la danza
oriental que no se pueden cambiar, pues en el
caso de que se modificaran, se desvirtuaría
el carácter y la personalidad propios de
esta danza.
SENTIMIENTOS OLVIDADOS
¿Qué
sentimientos se supone que expresa la mujer en
la danza del vientre?
Si hablamos de la danza de la
mujer egipcia o de la árabe en general,
vemos que ella se comunica con el baile de una
forma más expresiva que si lo hiciera con
palabras. Danza con sus más profundos sentimientos,
dejando escapar lo que encierra su interior como
un volcán. Parece que hubiera estado esperando
durante largo tiempo para dejar que su cuerpo
expresara sin palabras sus más ardientes
secretos. En su danza están encerradas
la profundidad de los proverbios, la magnificencia
de la magia y las mayores paradojas: dolor, amor,
esperanza, alegría, reto, liberación
de ataduras y un llamado a la libertad.
En este baile está encerrado
el amor de la mujer por el hombre oriental, y
también su odio hacia él, la tristeza,
la alegría, la belleza, la inocencia, la
terquedad, el perdón, la docilidad, el
rencor y los celos. La danza establece un nexo
con todos los contenidos de la mujer.
Con respecto a la magia de la
danza del vientre, he observado que conmueve más
profundamente a la mujer europea que a la oriental.
El encanto de este baile y su belleza se muestran
a menudo en los cambios que afectan repentinamente
a la mujer que lo ejecuta, e insisto en que la
bailarina no tiene que ser, de ninguna manera,
una especialista en baile.
¿Qué
cambios profundos puede producir en una mujer
la práctica de este arte?
Básicamente, los cambios
se manifiestan en el comportamiento, en las relaciones
que mantiene con su entorno y en otros elementos
de orden corporal y espiritual.
La mujer actúa, por lo
general, de una manera más audaz, se siente
más segura de sí misma y enseguida
cambia el temor por la valentía. Muchas
mujeres se han detenido en los primeros pasos
de la danza del vientre con el rostro enrojecido
de la vergüenza, ansiedad y miedo, aunque
estas sensaciones desaparecen inmediatamente.
En
las primeras clases, la timidez es una traba con
la que hay que contar; sin embargo, la mujer descubre
grandes cosas después de practicar a menudo
la danza del vientre. Me remito a lo que he presenciado
y sigo presenciando a través de las experiencias
de mis alumnas, y en muchas ocasiones, he comprobado
en ellas los cambios anímicos acaecidos
después de una sesión de baile.
La que es tímida, después de establecer
contacto con sus compañeras, se comporta
de una manera más audaz, y la que llega
agobiada por los problemas y las preocupaciones,
olvida sus malestares, aunque sea sólo
momentáneamente.
Parece que la mujer se transforma
con el movimiento, pues despierta en su interior
los sentimientos y sensaciones ocultos y casi
olvidados, mientras se relaja la tensión
acumulada en el cuerpo. Cuando les pregunto a
mis alumnas cómo se encuentran después
de la clase, la mayoría de las veces encuentro
como respuesta una enorme sonrisa de alivio.
BALANCEO DEL VIENTRE
Hay
quienes creen que la danza oriental no es más
que un agitado movimiento de caderas ...
Esto es erróneo, aunque
a veces la danza se reduce a eso, y la bailarina
concentra todas sus energías en este quehacer.
Sin embargo, y aunque ella sea muy experta en
este ejercicio, la danza ejecutada de esta manera
resulta monótona y aburrida, presa de unas
barreras que la reducen a una parte del cuerpo,
siendo que ninguna parte excede en belleza a otra.
Este arte puede expresar, además
de las sensaciones, estados anímicos y
del pensamiento, el mundo de los sueños
y de lo irreal. El que todas estas enormes posibilidades
se logren depende de conceder a todas las partes
del cuerpo sus potencialidades expresivas sin
prejuicios, con la condición previa de
que todo el cuerpo actúe en completa armonía.
Si la bailarina, por una razón
determinada, deseara concentrar su estilo en una
parte del cuerpo, tendría que preocuparse
de que el resto de su figura no quedara olvidado
trabajando a ala sombra. La danza centralizada
en el movimiento de las caderas no abre el mundo
de los sueños y la irrealidad, sino solamente
un mundo que coloca el signo sexual por delante
de cualquier otra consideración, y hace
que el cuerpo de la bailarina no sea más
que un cuerpo deseado.
¿Se
pueden detectar, en las actuales danzas folclóricas
egipcias, algunos pasos que provengan de otras
culturas antiguas?
En la danza del vientre intervienen
muchos elementos que provienen de culturas distintas
o anteriores a la árabe, como la faraónica,
la fenicia, la nubia, la turca o la berberisca.
Los nubios fueron la única
raza humana que se mantuvo desde el Antiguo hasta
el Alto Egipto. Ellos eran los servidores y miembros
de ejército, y danzaban y bailaban en los
palacios de los gobernantes.
SUFISMO, MÚSICA
Y RITMO
¿Cuál
es tu relación con el sufismo?
Como filosofía de vida,
yo he encontrado el sufismo en la música
y en el ritmo. En el sufismo, la música,
el ritmo y el canto constituyen una forma de educar
el cuerpo y el alma. Espontáneamente, el
cuerpo se mueve sobre el ritmo y el canto, sin
ningún tipo de técnica. Es muy hermoso.
¿En
qué momento de tu vida hiciste este reconocimiento?
Cuando era pequeño. Yo
vivía en un barrio popular en El Cairo,
y muy cerca de mi casa había una mezquita
donde se juntaban todas las cofradías sufis
en determinadas fechas, como el día del
nacimiento del profeta Mahoma. Allí, los
derviches sufis se ubicaban en unas “jaimas”,
un tipo de tienda, y bailaban. Todo el mundo se
movía al ritmo de la música. A mí
me gustaba estar entre ellos, con la gente que
bailaba.
En verdad no son bailarines,
pero llevan el ritmo del zhikr, que es el nombrar
a Alá dentro de uno mismo, moviéndose
o más bien dejando moverse al cuerpo, influidos
por el ritmo, la música y el canto.
Actualmente, noto mucho interés
por parte de los bailarines de Europa, América
y Australia por otros aspectos de la cultura de
nuestro país, como el vestuario, la gastronomía,
el idioma, la literatura, la religión y
otros temas espirituales, y este interés
ha ido mucho más allá de lo esperado.
¿Qué
relación tiene el sufismo con el Islam?
El sufismo, como filosofía,
está inspirado en el Islam como religión,
aunque el Islam o algunos de sus líderes
dicen que cantar y bailar no es una forma adecuada
de pregonar a Dios, y son más bien partidarios
de que la persona siga determinadas normas, como
rezar las plegarias y todo lo que se indica. Los
sufis son gente espontánea, nombran a Dios
y viven el ritmo con el alma, y creen que la manera
de llegar a Dios no es sólo yendo a la
mezquita y rezando. No, ellos encuentran a Dios
a través de dos caminos: la música
y la danza.
Se ha dicho alguna vez que la
mayor contradicción entre el sufismo y
el Islam es que para los sufis, uno mismo es el
vehículo o la forma en que Dios se manifiesta
en la tierra.
Es lo que te decía. Ellos
eligen el camino de la música y la danza
para manifestar energía divina, lo que
es muy diferente de la rigidez frente a las normas,
que a veces tienen las religiones.
La palabra sufi viene de safa,
pureza. El sufi es gente que ayuda, que trabaja,
que no espera nada material a cambio. Algunos
dicen que viene de los derviches que vestían
de suf, lana, pero no creo que sea la versión
correcta. Yo prefiero creer en el origen de la
palabra en relación con la pureza.
Y tú,
¿has sido inciado como sufi?
No. Mi padre era una persona
que creía mucho en el Islam y hasta perseguía
a los sufis que había en la familia. Los
sufis fueron perseguidos por el Islam y por los
gobiernos durante muchísimos años.
Pero, pese a ello, el sufismo se ha extendido
por todo el mundo. Es como ser judío, cristiano,
budista o musulmán. Hay sufis chinos y
japoneses. Porque ser sufi es compartir, es generosidad,
tolerancia, principios que están presentes
en todas las religiones. Va mucho más allá
de la música y la danza.
¿Crees
que tus opiniones puedan ser conflictivas para
la comunidad islámica chilena?
Hoy, cuando ya estamos a fines
de siglo, yo creo que hay que respetar todas las
opiniones, y esta es mi opinión.
EL NOMBRE DE DIOS
¿Cómo
es el zhikr que haces?
El zhikr es un trabajo, una forma
de soltar el cuerpo, dejarlo flexible. Es un momento
en que el cuerpo se mueve, la sangre corre por
las venas, y se puede sentir o nombrar a Dios.
Es otra forma de ver, de llegar a lo divino, pero
a través del movimiento. Los conflictos
que han hecho que muchos maestros se alejen, han
permitido que hoy estén en todos los países
del mundo. El trabajo sufi implica una amplitud
de consciencia que encuentra eco en los europeos
porque tienen un contenido diferente, apela al
vacío espiritual en la vida moderna.
También llama la atención
la influencia que la música sufi tiene
en los movimientos musicales en la actualidad.
Eso se debe a que la música afecta positivamente
al ser humano y, por ello, se usa incluso para
sanar enfermedades relacionadas con el estrés.
¿Se
podría decir que este tipo de danzas constituyen
un trabajo espiritual?
La espiritualidad es lo que vive
una persona dentro de sí misma, un espacio
interior donde encuentra la paz, y esto puede
suceder en cualquier momento y en cualquier parte,
bailando o concentrado, meditando. Pero a la hora
de bailar, ocurre que, en conjunto, hay más
armonía, más amor, más acercamiento,
más diálogo, más comunicación,
y todo esto influye mucho.
¿Qué
forma toma el zhikr que tú enseñas?
¿Se hace en círculos, en rondas?
Se puede hacer en círculos
o en filas, pero la forma es lo de menos. Lo importante
es que la persona se entrega; en 25 minutos puede
estar sonriendo de alegría, porque el zhikr
produce esa emoción.
SER EL CENTRO
¿El
giro es una forma de zhikr?
No tiene nada que ver. El giro
está relacionado
con el movimiento de la Tierra y de los astros;
el zhikr es nombrar a Dios. En el giro no hay
nombramiento de Dios, es una forma en la que se
hace sólo el movimiento, donde el ser humano
es el centro y todo lo que lo rodea está
conectado con todo el universo.
¿Quién de nosotros,
de pequeño, no ha girado y girado hasta
caer al suelo, sintiendo una gran alegría
mientras todo lo que lo rodeaba giraba a su alrededor?
Todos lo hemos hecho en algún momento de
nuestra infancia. El giro es alegría, es
una forma de contactar la Tierra con los demás
astros y el universo en general.
Y nosotros mismos, cuando olvidamos
donde está la llave, giramos alrededor
de nuestro perdido entusiasmo. Eso es el giro.
Si pierdes algo de tu forma espontánea
y natural, gira, gira, y así sabrás
nuevamente que estás en el centro y nada
está lejos. Es la búsqueda del más
allá a través del giro.
¿Cuál
es el origen de las danzas giratorias, en la historia?
Muchas danzas sufis provienen
del fundador de la orden sufi, en Turquía,
Mevlana Galal Aldin Romi, en el año 1300
aproximadamente, pero creo que esta más
bien se originó en la civilización
faraónica. Algunos historiadores han descubierto
que existía entonces un tipo de danza llamada
“la estrellada” , por las estrellas,
los astros, y relatan que los bailarines se movían
en círculos, pero también, en forma
giratoria, imitando el movimiento de los planetas.
Además, la cultura de la época faraónica
estaba particularmente relacionada con los planetas
y los astros.
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